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De nacimiento, un pionero de la farmacia comunitaria

El 6 de febrero de 1958, doña Encarnación Martínez de Báez, atendía como todos los días en la farmacia a su esposo, Dr. Luis Báez Gómez quien era químico farmacéutico, biólogo y fundador de aquella farmacia frente al antiguo Hospital de Clínicas. El Dr. Báez Gomez, le pedía con ternura a doña Encarnación, que no se esforzara en tareas impropias para una mujer con ya nueve meses de embarazo. Mientras le hablaba su esposo, doña Encarnación comenzó a ver que sus zapatos se estaban empapando con un líquido extraño. Un instante bastó, para darse cuenta de que había roto la bolsa. Y, a los pocos minutos, nacía un niño… el actual Dr. Luis Báez Martínez. Luego de su nacimiento, su padre, en las antiguas tertulias nocturnas con sus colegas en el colegio Químico Farmacéutico del Paraguay, se refería orgulloso de su hijo, en un tono enérgico, pero a la vez cariñoso, con una frase que marcaría proféticamente el destino del recién nacido: “Este tipo, este tipo, tiene el privilegio de haber nacido en la farmacia”. Y valgan verdades, que la carrera del Dr. Luis Báez Martínez, estuvo repleta de incontables experiencias donde aplicó lo que aprendió de profesionales de la salud, en una época, donde la ética era el oxígeno que se respiraba a diario. El Dr. Luis Báez Martínez, está hace varias décadas, al frente de sus dos farmacias con un estilo poco común, ya que su espíritu está focalizado en lo sanitarista y comunitario, lo que paradójicamente, le aseguró el éxito profesional. Entonces cabe preguntar : ¿de qué se trata lo sanitarista y comunitario para alcanzar el éxito en la farmacia? A continuación, la respuesta en la entrevista con él…
En la foto, el Dr. Báez al diplomarse como químico farmacéutico: “Estudié química y farmacia, pero desde siempre tuve un arraigado interés por la farmacia comunitaria”.
Megalabs (MG): ¿Según tengo entendido, usted le dio a su farmacia un giro sanitarista?

Dr. Luis Báez (LB): Así es, de formación soy químico farmacéutico, pero con un arraigado interés en la práctica de la farmacia comunitaria. De hecho –cuando era muy, pero muy joven y todavía no peinaba canas– hice un curso de dos meses de medicina comunitaria en la Habana – Cuba; lo que hoy día los médicos llaman medicina familiar.

En esos dos meses, mis estudios se enfocaron, como filosofía, en monitorizar a los pacientes y su farmacoterapia en enfermedades no transmisibles.  Entre otras tantas: diabetes, hipertensión arterial y todas sus consecuencias. Por cierto, que mi capacitación no fue desde el punto de vista ideológico, sino en el concepto del mecanismo y la manera en que finalmente se debe llegar al ciudadano en una primera línea de atención.

MG: Entonces ¿usted ya ofrece un servicio monitorizando a pacientes con ciertas patologías?

LB: Exacto, tratamos a través de controles, el seguimiento de la farmacoterapia para evitar el abandono de diferentes tratamientos y las consecuencias que podría generarle al paciente. Por supuesto que ello, permite una menor necesidad de internación hospitalaria al evitar que descuiden los tratamientos prescritos por sus médicos. Y si por diversas razones fuera necesaria la internación, el monitoreo previo, resulta muy útil como referencia.

Nuestro enfoque es 100% sanitarista. Es decir, no compartimos otros modelos cuya visión es absoluta y solamente comercial.

“Tratamos a través de controles, el seguimiento de la farmacoterapia para evitar el abandono de los tratamientos y las consecuencias que podría generarle al paciente”.
MG: La práctica sanitarista que usted mantiene, implicaría un gran paso en el sistema de salud paraguayo, si es que, todas las farmacias pudieran realizar este tipo de seguimiento en la farmacoterapia de pacientes con determinadas enfermedades crónicas.

LB: ¡Claro que sí!… pero requiere una distribución racional de farmacias con profesionales universitarios en el “capitanaje” de esa unidad, y que cuente con un grupo de pacientes que se encuentren dentro de su eje comunitario; digamos, algo así como 500 metros a la redonda.

Si se realizará el seguimiento de este tipo de patologías y se registrase a través de un sistema informático, permitiría generar referencias sobre el paciente, ya sea para el servicio público de salud, para la seguridad social o los médicos tratantes de los pacientes.

Por ejemplo, digamos un accidente vehicular o lo que fuere, es decir, llegado el momento y de ser necesario, el médico tiene acceso a una referencia más clara de la evolución que tuvo ese paciente respecto a la enfermedad y la farmacoterapia que se le prescribió.

“En caso de un accidente vehicular o lo que fuere, y de ser necesario, el médico tiene acceso a una referencia más clara de la evolución que tuvo ese paciente”.
MG: ¿Qué cambios comprobó en la actitud del paciente crónico, cuando se lo monitorea desde la farmacia?

LB: Nosotros en la farmacia, vivimos a diario una experiencia gratificante reflejada en la sonrisa de los pacientes, y es que, al monitorizarlos toman conciencia respecto a dos premisas: la primera, que un profesional de la salud se preocupa por ellos, y la segunda, la importancia de una adecuada farmacoterapia. Recuerde que, es más habitual que un parroquiano acuda a su farmacia en forma regular, antes que a su médico.

MG: ¿Cree que en un futuro cercano se pudiera contar en el Paraguay con un sistema universal de farmacias comunitarias?

LB: Valgan verdades, desarrollarlo en el Paraguay todavía es cuesta arriba y en la actualidad lamentablemente no está funcionando en todas las farmacias, a pesar de que, le daría grandes economías al bolsillo del paciente y a la economía del Estado en cuanto al gasto en salud per cápita.

“Nosotros en la farmacia, vivimos a diario una experiencia gratificante reflejada en la sonrisa de los pacientes, y es que, al monitorizarlos toman conciencia respecto a que un profesional de la salud se preocupa por ellos, y la segunda, la importancia de una adecuada farmacoterapia”.
MG: ¿Siente que usted se adelantó al futuro con su farmacia comunitaria?

LB: Por cierto, de manera particular cuidamos una mejor adhesión a la farmacoterapia, así como un seguimiento individual de los pacientes que se comprometen a ese tipo de control.

MG: ¿Y cuál sería el mensaje para las farmacias que aún no tienen el perfil sanitarista en el que usted se enfoca?

LB: Que los dependientes traten de ver a los clientes más allá de una tarea eminentemente comercial, que se capaciten, que tengan oídos con el cliente; esto puede evitar una respuesta terapéutica desacertada.

En nuestro caso, ante las dudas, derivamos a los clientes generalmente a un médico de nuestra zona o región; porque el feedback, es mucho más eficiente. A veces hay patologías de fondo más serias que la sintomatología, recuerde que la sintomatología es nada más que una llamada de atención. Si el problema es medio o grave, es cuando a veces se producen las complicaciones.

“La atención al paciente debe ser muy responsable. En nuestro caso, ante las dudas, derivamos a los clientes generalmente a un médico de nuestra zona o región; porque el feedback, es mucho más eficiente”.
MG: Me comentó que su padre fue farmacéutico y bioquímico. Por su lado, usted se preparó profesionalmente más allá del expendio de medicamentos. Imagino que parte de esa vocación para ofrecer una mejor atención farmacéutica, sustancialmente nació de usted mismo, pero hay un alto componente heredado ¿Cómo era la vida en la farmacia de su padre en la cual usted creció?

LB: Así es, yo soy hijo de un químico farmacéutico y bioquímico que fundó una farmacia y laboratorio en 1952 frente al antiguo Hospital de Clínicas Osvaldo Cruz, que era el más importante y de referencia; primer formador de la carrera de medicina y donde acudía la gente más necesitada desde el punto de vista de salud y economía.

Y desde niño, muchas veces veía la desesperación de los pacientes cuando necesitaban medicamentos. Entonces me crie y eduqué para dar un servicio especial. En ese ambiente hospitalario, cuando el paciente ya no tenía cómo acceder económicamente a ciertos medicamentos, había una especie de comunidad compuesta desde médicos hasta enfermeros, entonces se fabricaba de cualquier galera los medicamentos que necesitaba el paciente.

En la foto, los padres del Dr. Báez Martínez: el Dr: Luis Báez Gómez y doña Encarnación Martínez, durante un bautizo.
MG: ¿Cómo se llamaba su papá y mamá y, los dos trabajaban en aquella antigua farmacia?

LB: Mi papá era Luis Báez Gomez y mi madre Encarnación Martínez. Y por supuesto, de hecho, era la época en que mis padres y mis cuatro hermanos vivíamos en la farmacia. Es decir, casa y farmacia eran una sola. Nosotros teníamos un salón sobre la calle para la farmacia y otro salón para el laboratorio de los análisis clínicos que realizaba mi padre, y detrás, estaba nuestra vivienda.

MG: ¿O sea que su mamá los llamaba para almorzar, y ella atendía la farmacia mientras ustedes almorzaban?

LB: La verdad que nosotros hacíamos turnos para la hora del almuerzo y nunca se quedaba desatendida. Es más, cuando ya éramos muchachones, hacíamos guardias nocturnas hasta medianoche.

MG: ¿Qué pasó con aquella farmacia, y usted, cuándo se independizó?

LB: La farmacia que fundó mi padre en 1952 frente al viejo hospital, como la vida misma, creció, se multiplicó y desapareció en los años ´90.

En 1980 a los 22 años de edad, me independicé y abrí mi primera farmacia a 200 metros de la farmacia de mi padre y la bauticé con el nombre de San Vicente de Paúl. Luego en el 2003 abrí el segundo local que se llama Maxi Farma frente al nuevo Hospital de Clínicas.

“En 1980 a los 22 años de edad, me independicé y abrí mi primera farmacia a 200 metros de la farmacia de mi padre, éramos tan pobres entonces…”.
MG: ¿Cuántos ítems tenía en su primera farmacia San Vicente de Paúl?

LB: ¡Oh! empecé con menos de 800… Éramos tan pobres y le debo tanto a la industria farmacéutica.

MG: ¿22 años después cuántos ítems tiene en Maxi Farma?

LB: Ítems 11,000, me refiero a productos identificados a una denominación genérica; en cuanto a las unidades que mantenemos son alrededor de 60,000.

MG: Y la primera farmacia San Vicente de Paúl que fundó en 1980 ¿cuántos ítems tiene ahora?

LB: Sigue Igual, con 800 a 1,200 y unos 4,000 productos.

MG: ¿Y por qué no cerró San Vicente de Paúl, acaso por cariño, romanticismo o por qué?

LB: La suma de todo lo que usted menciona. En principio, quedó como la única farmacia del barrio donde nací; conozco a todos los vecinos… son muchos los factores.

“Ahora tenemos 11,000 ítems, me refiero a productos identificados a una denominación genérica; en cuanto a las unidades que mantenemos, son alrededor de 60,000″.
MG: ¿Y Maxi Farma donde está instalada?

LB: Aunque parezca increíble, es la única farmacia que está frente al acceso del nuevo Hospital Escuela de Medicina del Paraguay.

MG: Entonces, por casualidad al final de cuentas sigue el hilo familiar. Está repitiendo la historia de su padre ¿Es un clon histórico no?

LB: Es un cordón umbilical muy largo.

“Maxi Farma y aunque parezca increíble, es la única farmacia que está frente al acceso del nuevo Hospital Escuela de Medicina del Paraguay”.
MG: ¿Su familia colabora con la atención de las farmacias?

LB: Por cierto que sí, mis dos hijas, Laura y Tania están colaborando. Además, una de ellas es nutricionista y la otra administradora; que es lo que nos falta a los farmacéuticos. Así es, ellas forman parte desde hace unos años de una sociedad donde están incorporadas mi esposa Cristina que es contadora y mis dos hijas en partes iguales. Los farmacéuticos no somos buenos administradores.

MG: ¿Qué otros servicios brindan a parte del seguimiento de farmacoterapia en pacientes crónicos?

LG: Durante las 24 horas tratamos de dar diferentes servicios. Por ejemplo, a los acompañantes de los pacientes hospitalizados, que, por lo general, no tienen cobertura y que también tienen necesidades.

Transferencias de dinero o servicios conexos; a veces un paciente está con un accidente cerebro vascular o coronario a las 2 de la mañana y necesitan que la familia les transfiera dinero y puede ser por teléfono, pero necesitan el efectivo. También se pueden realizar pagos de servicios públicos o privados; carga de celulares; copias de las historias clínicas, tarjetas de viaje. Brindamos muchos servicios… en fin ¡hasta agua caliente para el mate!

“Brindamos muchos servicio, en fin… ¡hasta agua caliente para el mate!”.
MG: ¿Se considera pionero en lo referente a las farmacias sanitaristas en el Paraguay?

LG: Le cuento una anécdota que raya con lo inaudito y que fue la profecía anunciada de mi destino profesional. Mi madre estaba embarazada de mí y a los 9 meses rompió bolsa dentro de la farmacia de mi padre. A los 10 minutos nací en el Servicio de Obstetricia del viejo Hospital de Clínicas que estaba en la vereda del frente de aquella farmacia.

En tal sentido, mi padre se reunía con sus colegas semanalmente en el Colegio Químico para los viernes culturales. Allí se hablaba de poesía, de historias, de muchas otras cosas, y yo a veces lo acompañaba. Y recuerdo como si fuera hoy, que una vez, cuando tenía 5 años, mi papá todo orgulloso se refirió de mi a sus colegas –con tono y voz confirmatoria de discurso político y señalándome con el índice–: “Este tipo, este tipo tiene el privilegio de haber nacido en la farmacia”

En la foto, el antiguo Hospital de Clínicas Osvaldo Cruz: “Mi madre estaba embarazada de mí y a los 9 meses rompió bolsa dentro de la farmacia de mi padre. A los 10 minutos nací en el Servicio de Obstetricia del viejo Hospital de Clínicas que estaba en la vereda del frente de aquella farmacia”.
MG: ¿Entonces ya tenía incrustado el ADN de la farmacia?

LB: Valgan verdades que al principio quise ser médico. Es porque como estaba todo el día en la farmacia al frente la Facultad de Medicina y participaba en las reuniones clínicas, pero, mi papá me habló con un tono de buen consejero y me dijo: “Seguí farmacia, sos muy joven… y… después cruzas la vereda y te haces médico”.

MG: ¿Se siente frustrado de no haber estudiado medicina?

No, porque como la farmacia de mis padres estaba calle de por medio con la facultad de medicina, nosotros hacíamos reuniones con médicos y profesores de medicina y creo, que parte del éxito en el ámbito que incursioné, tiene que ver con aquellos profesionales médicos; el respeto a los pacientes, el intercambiar opiniones, era una relación totalmente diferente, era otro mundo. Creo que muy pocos han tenido ese privilegio como yo, de estar tan cerca de grandes profesionales que tenían como principio de vida, la ética.

MG: Hablando de ética profesional, ¿cómo visualiza su relación con Megalabs del Paraguay?

LB: Muy bien, muy bien. Tengo una excelente relación y trabajo desde siempre con ellos, y nunca he tenido ningún inconveniente, al contrario, cuando se ha planteado alguna situación, siempre buscan la salida más auspiciosa. Y como le digo, bien muy bien.

“Los productos de Megalabs, trasciende lo que dice el propio eslogan: “Ética al servicio de la salud”.
MG: ¿Y sobre los productos de Megalabs que piensa?

LB: Y, los productos de Megalabs, trasciende lo que dice el propio eslogan de Megalabs, verdad… es decir: “ética al servicio de la salud”.

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